La profesional de la psicología dialogó en exclusiva con Nord24.com.ar respecto a los festejos desmedidos por el Mundial que se disputa actualmente y como esto puede afectar a nuestros niños, en el entorno familiar.
El fervor mundialista suele transformar el clima de los hogares, pero cuando la pasión se desborda en festejos desmedidos, el impacto en los más chicos puede ser contraproducente. La psicóloga Tanya Magri brindó su testimonio en exclusiva para Nord24.com.ar que, si bien este evento deportivo representa una gran oportunidad para capitalizar aprendizajes en los niños que van más allá del fútbol, el comportamiento de los adultos es determinante. “Los niños son expertos observadores de la conducta de los adultos; la verdad que aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice”, señala la especialista, enfatizando la responsabilidad de los padres y tutores en el manejo de las emociones durante las celebraciones.
Cuando las demostraciones de alegría se tornan excesivas o violentas, las consecuencias en el desarrollo infantil no tardan en aparecer. Magri explica que, frente a conductas de riesgo o desbordes agresivos por parte de los mayores, los niños pueden asimilar un modelo negativo de expresión. “Como consecuencia por ahí de estas conductas, podemos dejar en los niños una normalización de las conductas agresivas, impulsivas, de las conductas de riesgo”, advierte la psicóloga, agregando que esta normalización genera un retroceso al alejarlos de estrategias adaptativas de regulación emocional y de tolerancia a la frustración.
Frente a este escenario, la profesional insta a reflexionar sobre el tipo de huella que se desea dejar en los menores una vez que finalice el torneo en cuestión. Más allá de los resultados deportivos, lo que perdurará en la memoria de los hijos es la vivencia compartida en el entorno familiar. “Nos podemos preguntar acerca de cómo nos acordaríamos del mundial el día de mañana, si recordaríamos los partidos ganados o perdidos, o por ahí el ejemplo que les dimos mientras vivíamos esta experiencia”, propone Magri, invitando a los adultos a moderar sus reacciones para cuidar la salud mental de los más chicos.
Para evitar afectar negativamente a los menores, la clave radica en encauzar la euforia hacia un espacio de encuentro y disfrute saludable. La psicóloga propone capitalizar la experiencia mundialista para fortalecer el tiempo compartido en familia y con amigos, así como el sentido de pertenencia. De acuerdo con la especialista, es fundamental “disfrutar momentos de alegría juntos sin perder estos valores como el respeto, el cuidado propio y el cuidado de los demás”, transformando así el campeonato en una verdadera escuela de resiliencia y regulación emocional para los niños.
