¿Qué es El Niño y por qué nos importa acá?

El Niño —técnicamente conocido como El Niño-Oscilación Sur (ENOS)— es un fenómeno climático recurrente que ocurre cuando las aguas superficiales del Océano Pacífico tropical se calientan entre 1 y 3°C por encima de lo normal. Este calentamiento, que se repite en ciclos de tres a siete años, reorganiza la circulación atmosférica de buena parte del planeta y tiene consecuencias directas sobre el régimen de lluvias en América del Sur.

Para el litoral norte argentino, la relación es directa: cuando El Niño se activa, llueve más, mucho más. Los ríos Paraná y Uruguay suben. Las llanuras de Corrientes se saturan de agua. Y en ciudades como Esquina —enclavada sobre la margen derecha del Paraná— ese escenario tiene nombre conocido: inundación.





La confirmación científica: 98% de probabilidad

A mediados de mayo de 2026, el Pacífico ecuatorial entró en una rápida transición hacia condiciones de El Niño. Las anomalías de temperatura superficial del mar comenzaron a superar los umbrales históricos, y el pronóstico del Centro Internacional de Investigaciones del Fenómeno de El Niño (CCSR/IRI) asignó un 98% de probabilidad de que El Niño se consolide durante el trimestre mayo-julio de 2026. Las probabilidades se mantienen en ese rango excepcionalmente alto durante todo el período proyectado, con solo un 2% para neutralidad continua.

El INTA confirmó formalmente la formación del fenómeno para la campaña agrícola 2026/27, con más del 80% de probabilidad de consolidación entre junio y agosto. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), por su parte, elevó al 90% las chances de que el evento se instale antes de noviembre con intensidad potencialmente fuerte.

El escenario más probable señala que los efectos sobre el norte argentino comenzarían a sentirse alrededor de septiembre de 2026 —aproximadamente dos meses después del inicio del fenómeno en el Pacífico— y se extenderían durante el verano del hemisferio sur, con 96% de probabilidad de persistencia entre diciembre de 2026 y febrero de 2027.

Fuente: INTA EEA Corrientes / argentina.gob.ar, junio 2026; OMM, junio 2026.





El antecedente que nadie olvida: 1998 en Corrientes

El análisis publicado por el INTA Centro Regional Corrientes el 9 de junio de 2026, preparado por los profesionales Ditmar B. Kurtz, Griselda I. Saucedo, Carolina Fernández López y Alba R. Perucca, tomó como caso de referencia el evento El Niño de 1997-1998, considerado el más intenso del siglo XX en términos de consecuencias socioeconómicas.

Ese año, el derrame acumulado del río Paraná desde octubre de 1997 hasta septiembre de 1998 fue el segundo más importante desde 1904. Los picos máximos de crecida se alcanzaron en abril de 1998, con consecuencias devastadoras: en toda la provincia de Corrientes hubo 17.300 evacuados. Solo en Goya, unos 6.300 personas permanecieron en esa situación durante tres meses. En total, el desastre acumuló 42.000 evacuados en toda la región.

La superficie inundada en las provincias de Misiones, Formosa, Chaco, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe alcanzó casi cuatro millones de hectáreas, tanto en zonas rurales como urbanas, según la Secretaría de Recursos Hídricos. Alrededor de 300.000 personas fueron evacuadas en todo el país.

Hay un antecedente aún más extremo: el evento de 1982-1983. Esa fue la peor crecida del Paraná de la que se tenga registro histórico. El caudal fue tres veces mayor al promedio, debieron evacuarse 200.000 personas y las pérdidas superaron los 1.000 millones de dólares. En aquel momento, el río alcanzó los 9 metros en la costa correntina, superando ampliamente todas las defensas.

Fuente: INTA EEA Corrientes / argentina.gob.ar; Cepal, análisis retrospectivo de inundaciones; ResearchGate, pronóstico hidrológico Paraná.





¿Qué podría pasar en Corrientes y en Esquina?

El informe del INTA EEA Corrientes advierte que las consecuencias del fenómeno son visibles en toda la provincia, aunque con diferente intensidad según la zona. Los centros poblados y la infraestructura se ven afectados, y el sector agropecuario sufre por los excesos de agua.

Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, advirtió que las grandes cuencas como la de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay —junto a sus ríos y arroyos subsidiarios— podrían presentar situaciones de riesgo para las producciones y poblaciones rurales aledañas, por el aumento de caudal y la suba del nivel de los cursos de agua.

Para el trimestre junio-julio-agosto, se prevé una probabilidad de precipitaciones acumuladas dentro del rango medio o normal para la época, con chances de superar los valores históricos en las provincias del centro y norte. La mayor intensidad del fenómeno sobre el norte argentino se esperaría recién a partir de septiembre, con un pico proyectado para el período diciembre 2026-febrero 2027.

Esquina, ubicada sobre el Paraná y atravesada por arroyos que drenan hacia el río, es particularmente vulnerable a los escenarios de exceso hídrico que históricamente caracterizan a El Niño en esta región. La combinación de lluvias locales intensas con el aumento del caudal del Paraná puede generar situaciones de anegamiento tanto en el área urbana como en el entorno rural productivo del departamento.




El impacto en el campo y la economía local

Más allá de lo urbano, el campo correntino enfrenta un escenario exigente. En zonas rurales, El Niño históricamente provoca pérdidas de cultivos anuales y perennes, disminución de rendimientos, deterioro de la calidad de los granos por el desarrollo de enfermedades y muerte del ganado. El Litoral y la región pampeana son las áreas de Argentina donde el fenómeno más potencia el riesgo de inundaciones, comprometiendo la producción de soja, maíz, trigo y otros cultivos estratégicos.

El INTA recomienda para los productores en zonas bajas y deprimidas priorizar la prevención: considerar el mayor riesgo de siembras en sectores anegables, monitorear las napas freáticas, asegurar la evacuación del agua y, en ganadería, prever el traslado preventivo del rodeo y reforzar la sanidad. Para las posiciones altas y bien drenadas, en cambio, el escenario puede ser de oportunidad productiva.

A nivel regional y global, investigadores de la Universidad Austral advierten que El Niño puede generar presión inflacionaria por el impacto en los alimentos, mayores costos energéticos por menor generación hidroeléctrica y dificultades logísticas asociadas a los efectos en la cuenca del Paraná.





Lo que dicen los especialistas: cautela, no pánico

Los especialistas son claros en un punto: la intensidad del fenómeno todavía no está definida. Algunos modelos apuntan a un evento muy intenso —comparable al de 1997-98—, pero el análisis combinado de múltiples modelos muestra que el rango de escenarios posibles es más amplio y moderado. Hasta el momento, la intensidad puede catalogarse desde moderada hasta muy fuerte, de acuerdo al INTA.

El cambio climático agrega incertidumbre adicional: los patrones históricos sirven como guía, pero el contexto de un planeta más cálido puede modificar las respuestas regionales al fenómeno de maneras que los modelos actuales aún no capturan con precisión.

La Bolsa de Comercio de Rosario también señaló que aún no es posible definir la intensidad final del evento ni anticipar excesos hídricos generalizados para el invierno, aunque la influencia de El Niño podría volverse más marcada entre octubre y marzo de 2027.


Lo que se viene: monitoreo y preparación

El consenso científico apunta a un fenómeno que se instalará con fuerza en los meses cálidos. Para una comunidad como Esquina, que conoce bien lo que significa el Paraná desbordado, el mensaje no es alarmismo sino preparación: monitorear los boletines del Servicio Meteorológico Nacional, estar atentos a las comunicaciones del INTA regional y de Defensa Civil, y no esperar a que el río avise.

El agua no discrimina entre quien está preparado y quien no. Pero la información, en cambio, sí puede marcar la diferencia.